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Los nuevos patrones de consumo y generación están cambiando la red: ¿cómo afecta a la calidad del suministro?

Medir en tiempo real la “salud eléctrica” de la baja tensión será clave para una transición energética segura y eficiente, ante el despliegue de las renovables y la electrificación que obligan a vigilar parámetros con impacto directo en equipos, procesos

La red eléctrica de baja tensión, la que alimenta hogares, comercios y pequeñas industrias, está cambiando rápido. Dos fuerzas empujan a la vez: el crecimiento de las renovables distribuidas, sobre todo fotovoltaica, y la expansión de la recarga del vehículo eléctrico. España ya supera los 39 GW fotovoltaicos tras sumar más de 9 GW en 2023, y seguirá creciendo hasta 2030. En paralelo, la UE prevé llegar a 3,5 millones de puntos de recarga públicos en 2030, lo que implica un despliegue masivo en pocos años. 

Este avance cambia el comportamiento de la red local: en los barrios ya no solo se consume energía, también se genera; y aparecen cargas nuevas, potentes y a veces concentradas por horarios. En la industria esto también ocurre: basta pensar en una fábrica con líneas automatizadas y variadores de velocidad; una caída breve de tensión puede hacer que una máquina se reinicie y pare la producción unos minutos.  Así, surge una cuestión que antes apenas se miraba fuera del ámbito técnico: la calidad de la electricidad que llega.

La clave está en la calidad del suministro

La calidad del suministro (Power Quality) es, básicamente, lo “buena” que es la electricidad: si la tensión es estable, si la frecuencia se mantiene dentro de límites y si la onda eléctrica llega limpia o deformada. Los estándares internacionales (familia IEC 61000-4-30) establecen qué hay que medir para asegurar que el suministro cumple. No es un detalle menor: cuando la calidad se degrada aparecen fallos prematuros en equipos, reinicios, disparos de protección sin causa clara, más pérdidas internas y paradas inesperadas en procesos productivos. Para fabricantes y operadores, supone más intervenciones en campo, mayores costes de O&M y riesgo de incumplir requisitos contractuales de calidad de suministro.

Con una generación más descentralizada, el riesgo de perturbaciones locales aumenta. La electrónica de potencia que incorporan cargadores rápidos e inversores renovables puede introducir distorsiones como armónicos y supraarmónicos si no se monitoriza adecuadamente. Y estas perturbaciones suelen ser silenciosas: degradan rendimiento y vida útil de activos, y generan costes.

Para operadores de red, fabricantes e integradores, esto abre un reto doble: asegurar la compatibilidad con la red local y anticipar degradaciones antes de que se traduzcan en incidencias. Esto exige medir mejor la red de baja tensión. Los parámetros clave incluyen huecos de tensión, cambios rápidos e interrupciones; armónicos e interarmónicos; desequilibrios entre fases; y supraarmónicos. El problema es que, históricamente, medirlos con rigor en cada punto requería equipos específicos y costosos, difícil de escalar cuando la red suma miles de nuevas conexiones.

CIRCE propone una solución práctica: calidad de red integrada en los equipos

Ante este escenario, CIRCE – Centro Tecnológico plantea integrar la capacidad de medida de calidad de red directamente en los equipos conectados a baja tensión, cargadores de vehículo eléctrico, inversores fotovoltaicos, cuadros de distribución o dispositivos de maniobra. Así, en lugar de depender de instrumentación externa, estos dispositivos incorporarían software y electrónica para registrar eventos de calidad de suministro y compartir la información con los operadores.

En esta línea, CIRCE desarrolla software embebido integrable en cargadores, inversores y otros equipos, con el fin de medir en tiempo real la calidad de la red conforme a estándares internacionales. El objetivo es que los propios dispositivos conozcan la “salud eléctrica” del entorno en el que operan y permitan detectar problemas de forma temprana.

A medida que avanzan la electrificación y la generación distribuida, la calidad del suministro dejará de ser un concepto reservado a especialistas. Contar con redes y equipos capaces de vigilar de manera continua la “salud eléctrica” de la baja tensión será clave para anticipar fallos silenciosos, proteger las inversiones en activos eléctricos y garantizar que la transición energética se apoya en un sistema realmente fiable.

Circe

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