Del mapa de calor al rediseño urbano: cómo pueden las ciudades anticipar el impacto del calor
En las últimas décadas, el número de episodios de calor extremo ha aumentado y las olas de calor son cada vez más frecuentes, intensas y prolongadas, especialmente en regiones donde las temperaturas estivales ya son elevadas. Este fenómeno se intensifica dentro de las ciudades. La concentración de edificios, la actividad humana, la escasez de vegetación y el uso predominante de materiales como el hormigón o el asfalto favorecen la acumulación de calor durante el día y dificultan su disipación por la noche.
Como resultado, las áreas urbanas pueden registrar temperaturas significativamente superiores a las de su entorno rural. En grandes ciudades del mundo se han observado diferencias de hasta 5-8ºC respecto a zonas cercanas menos urbanizadas, una señal clara de cómo la configuración urbana influye directamente en el clima local.
Las consecuencias de que la exposición al calor en las ciudades esté aumentando, son visibles tanto para las administraciones como para la ciudadanía. Esta tendencia convierte el calor urbano en uno de los principales retos climáticos para las ciudades. Para los gobiernos locales, el desafío consiste en adaptar el diseño urbano para reducir el impacto térmico en el espacio público y mejorar la resiliencia climática de la ciudad. Para los ciudadanos, el aumento de las temperaturas puede traducirse en espacios públicos menos habitables durante los meses más cálidos, mayor consumo energético asociado a la climatización y riesgos para la salud, especialmente entre los colectivos más vulnerables.
En este contexto, las ciudades necesitan ir más allá de identificar dónde se concentran las temperaturas más elevadas. El reto ya no es sólo detectar el problema, sino anticipar cómo distintas intervenciones urbanas - como la incorporación de arbolado, la instalación de estructuras de sombra o el cambio de materiales en pavimentos y fachadas - pueden modificar el microclima urbano antes de ser implementadas.
A través de herramientas de modelización climática, análisis de confort térmico y monitorización ambiental, es posible analizar diferentes escenarios y evaluar el impacto real de estas soluciones antes de intervenir sobre el terreno. Este enfoque permite diseñar estrategias de adaptación climático más eficaces, basadas en datos y orientadas a mejorar la habitabilidad y la resiliencia de las ciudades frente al aumento del calor.
Qué es el efecto isla de calor urbana y cómo afecta a las ciudades
El efecto isla de calor urbana (Urban Heat Island) describe la diferencia de temperatura entre áreas urbanas y zonas rurales cercanas. En muchas ciudades, especialmente durante la noche, las áreas urbanizadas pueden registrar varios grados más que su entorno natural.
Las islas de calor no afectan a toda la ciudad por igual. Dentro de una misma ciudad pueden existir zonas especialmente vulnerables donde la combinación de factores urbanos genera condiciones térmicas más extremas.
Algunas ciudades ya han desarrollado herramientas públicas para visualizar estos patrones térmicos. Un ejemplo es el visor de islas de calor del Ayuntamiento de Zaragoza, que permite consultar la distribución espacial del calor en la ciudad a partir de datos geográficos.
Este tipo de herramientas facilita identificar qué barrios o espacios urbanos requieren una intervención prioritaria desde el punto de vista de la adaptación climática.

Confort térmico exterior: por qué la temperatura no lo explica todo
Cuando se analiza el calor urbano, la temperatura del aire suele ser el indicador más visible. Sin embargo, la temperatura por sí sola no determina cómo perciben las personas el entorno térmico de un espacio exterior.
El confort térmico exterior depende de múltiples variables que interactúan entre sí. La radiación solar directa, la velocidad del viento, la humedad o la temperatura de las superficies influyen de forma significattiva en la sesación térmica que experimentan las personas.
Por ejemplo, dos plazas pueden registrar la misma temperatura del aire, pero ofrecer condiciones térmicas muy diferentes si una cuenta con arbolado, zonas de sombra o una mayor ventilación natural.
Para evaluar estas condiciones se utilizan índices de confort térmico que integran diferentes variables ambientales. Uno de los más utilizados en estudios de microclima urbano es el UTCI (Universal Thermal Climate Index), que permite estimar el nivel de estrés térmico que experimentan las personas en exteriores.
Estos indicadores resultan especialmente útiles para responder a una pregunta clave en la planificación urbana: si un espacio público puede ser utilizado de forma confortable durante una ola de calor.
Detectar el calor urbano: análisis a escala de ciudad
Antes de diseñar intervenciones concretas, las ciudades necesitan comprender cómo se distribuye el calor en su territorio. Este diagnóstico se realiza mediante análisis climáticos a escala urbana que combina diferentes fuentes de información.
Las imágenes satelitales, los sistemas de información geográfica y las redes de sensores urbanos permiten identificar patrones térmicos, detectar zonas con escasez de vegetación o localizar áreas donde las temperaturas superficiales son especialmente elevadas.


El objetivo de este análisis no es todavía solucionar específicas, sino localizar los puntos de la ciudad donde las intervenciones pueden generar mayor impacto desde el punto de vista de la adaptación climática.
Modelización del microclima urbano: simular soluciones antes de actuar
Una vez identificadas las zonas vulnerables al calor, el siguiente paso consiste en analizar cómo diferentes intervenciones urbanas pueden modificar el microclima local. Para ello se utilizan herramientas avanzadas de modelización del microclima urbano, como simulaciones de dinámica de fluidos (CFD) o modelos microclimáticos como ENVI-met. Estas herramientas permiten recrear digitalmente el comportamiento térmico de un espacio urbano concreto.
A través de estas simulaciones es posible analizar cómo influyen factures como la vegetación, los materiales urbanos o la geometría de los edificios en el confort térmico de las personas.
Este enfoque permite comparar distintos escenarios antes de realizar una intervención física en el espacio urbano, reduciendo la incertidumbre y facilitando la toma de decisiones basada en datos.
Adaptación climática de patios escolares: el caso del proyecto CARDIMED
Un ejemplo de este enfoque es el proyecto europeo CARDIMED, financiado por el programa Horizon Europe y centrado en el desarrollo de soluciones basadas en la naturaleza NbS de adaptación climática en regiones mediterráneas.
En Aragón, CARDIMED incluye un proyecto piloto dedicado a mejorar la resiliencia frente a olas de calor en patios escolares mediante intervenciones de renaturalización y rediseño del espacio.
Los patios escolares son entornos especialmente sensibles al calor urbano, ya que durante los meses más cálidos pueden alcanzar temperaturas elevadas que afecten al bienestar y la salud de los estudiantes.
El trabajo desarrollado en este proyecto combina diferentes fases. En primer lugar, se identificaron centros educativos situados en zonas de Zaragoza con mayor intensidad de isla de calor. Posteriormente se realizaron simulaciones microclimáticas para evaluar las condiciones térmicas existentes y analizar posibles intervenciones.
A partir de estos análisis se diseñaron soluciones basadas en la naturaleza, como la incorporación de vegetación, la creación de zonas de sombra o el uso de materiales con menor acumulación térmica. Estas intervenciones se complementan con sistemas de monitorización ambiental que permiten medir la temperatura y la humedad antes y después de la intervención.
Diseñar ciudades más resilientes frente al calor
La adaptación climática urbana requiere combinar diagnóstico, simulación y monitorización para diseñar intervenciones realmente eficaces. Las ciudades que integran estas herramientas pueden comprender mejor cómo se distribuye el calor en su territorio, evaluar diferentes soluciones antes de implementarlas y medir el impacto real de las intervenciones una vez ejecutadas.
En CIRCE trabajamos con administraciones y entidades urbanas para analizar el comportamiento térmico de las ciudades, desarrollar modelos de microclima urbano y evaluar estrategias de adaptación climática basadas en datos.
Si quieres saber cómo podemos ayudarte a analizar el impacto del calor urbano o diseñar soluciones para mejorar el confort térmico en espacios urbanos, puedes ponerte en contacto con nuestro equipo técnico.
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